APAGAR LA ALARMA, ANSIEDAD

                                                                                           

APAGAR LA ALARMA , ANSIEDAD

Apagar la alarma, levantarse, ir al baño, preparar las cosas de nuestros hijos o las personales, desayunar, ir al trabajo, responder efectivamente con lo que se nos pide, ser empleado/jefe/estudiante, pareja, padre, regresar a casa, prepararse para el día siguiente, acostarse y enfrentarse al insomnio. Es entonces que algo comienza a llamar nuestra atención: internamente comenzamos a experimentar una incomodidad que no sabemos describir, que nos hace mordernos las uñas o fumarnos un cigarrillo, o nos despierta el apetito, en otras ocasiones nos provoca un hueco en el estómago, o manos sudorosas.

En casos más extremos sentimos que estamos a punto de perder la vida, que nuestro corazón o algo por dentro no está funcionando adecuadamente o podemos tener la “certeza” de que algo muy malo está por pasarnos y deseamos salir corriendo, huyendo de nosotros mismos y de nuestro hogar. Cu

ando vemos todos estos síntomas nos asustamos y “sabemos” que tenemos que cambiar de inmediato ¡bingo! debemos deshacernos de eso que estamos sintiendo.

Entonces la ansiedad se convierte en eso que quisiéramos vencer para seguir funcionando en nuestra saturación de actividades o falta de habilidades para enfrentar algunas áreas de nuestra vida. Deshacernos del malestar es tan humano como desear alimento y agua, pero a veces nos mete en un ciclo de sufrimiento del cual nos resulta complicado salir.

¿Cómo sería la vida si pudiéramos manejar nuestras emociones sin necesidad de recurrir a conductas extremas? ¿Qué objetivos valiosos hemos dejado a un lado en nuestra vida por invertir nuestros esfuerzos en controlar lo que estamos sintiendo? Si observamos el camino que hemos recorrido en la búsqueda de mejorar nuestra relación con la ansiedad notaremos que no sólo ha sido infructuoso, sino que ha empeorado la forma en que la experimentamos. Nuestras vidas han cambiado en los últimos meses y nos enfrenta a una condición ante la que no estamos preparados y, es aquí, donde regresa ese viejo fantasma.                                                                                                                              GerardoMercado/Terapeuta

 

 

Deja de buscar, no estás solo.

manon

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